sábado, mayo 02, 2009

Buscando la receta


El día pinta hermoso... típico de otoño, soleado y tibio. Sin embargo, hay algo que no permite disfrutar de esa calidez por completo. Y busco entre mis papeles, una receta, vieja fórmula que ayude a quitar este gris que empaña la tarde.
No la encuentro, pero no me rindo.
Intento enumerar aquellas cosas que me hacen sentir bien...
- Unos mates compartidos...
- El calor del sol sobre mi piel.
- La risa de mi hija...
- El olor del café recién hecho... o bien el olor a tierra mojada cuando empieza a llover.
- Sentir el sonido de las gotas sobre el techo cuando llueve (y yo estoy dentro, claro).
- Internarme en el sueño de un buen libro.
- Ir al cine, con una buena ración de pochoclos.
- Cerveza fría con amigos y reir sin parar.
- Poder ayudar a alguien que lo necesita.
- La llamada de un amigo cuando me siento sola.
- Un abrazo de oso.
- Sentarme en la playa y escuchar el sonido del mar.
.....

poder escribir esta lista, y ahuyentar la apatía...
Se les ocurre algo más?

domingo, abril 26, 2009

El precio


Y cuándo empezó todo a tener un precio

tal vez cuando un necio, a la luz se miró

y vio que a su lado despiadado el frío

sin techo ni abrigo, otra vida cobró


O fue cuando hambre terminó con Eva

y le dijo prueba, el reptil seductor

vaya precio que paga, vaya precio que paga

vaya precio que paga, por vivir el amor.


Cuando un hombre debe más de lo que come

se entiende que entonces, la teoría falló

porque aferrada y gorda, la ambición respira

en otra barriga, en otra mansión.


Siempre trata el hombre, de curar sus males

siempre tanto vales, tanto curarás

vivo sigue el mal mientras el bicho exista

y corra el socialista tras el capital.


Seguimos subidos todos en un globo

buscando acomodo sin poder bajar

y nunca ha faltado quien le ponga el precio

al silencio, al tiempo, a la luz, a la paz.


Al derecho ajeno y al respeto mismo

a la piel, al vicio o a la libertad.

A la sinceridad, a la complacencia

Al mar, a la ciencia, y hasta a la verdad.



(León Gieco)


domingo, abril 19, 2009

La noche más larga

Imposible olvidar esa noche. El frío parecía cubrirlo todo, el aire y mi interior. De a poco la salita de espera fue quedando vacía, sólo un par de perros callejeros me hacían compañía, durmiendo debajo de los bancos de madera.
A mitad de la noche, cuando ya no quedaba más nadie, una enfermera me preguntó si quería ver a mi marido, susurrando, ya que no podía "legalmente" entrar a la sala de terapia intermedia.
Gracias a esa mujer que jamás supe su nombre, pude entrar y estar al lado de mi esposo un buen rato. Pude decirle todo lo que antes no había podido, con la esperanza que aún en su inconsciencia, mi mensaje llegara a su corazón. Ya lo habían operado, y una venda enorme le cubria su cabeza por completo. Respiraba con ayuda mecánica y sólo se escuchaba el sonido de la máquina que lo asistía. Allí dentro hacía mucho frío también, y sin embargo los enfermos estaban cubiertos solamente por una sábana... como si ya los trataran sin esperanza alguna.
En un momento me pareció que no debía comprometer a la enfermera con mi presencia állí, y dándole las gracias, volví a la sala de espera.
Aún recordaba vívidamente el día que me había despedido de mi madre en el hospital, apretándole su mano... y la angustia de no haber podido estar acompañándola en sus últimos momentos. Por lo tanto, sentía que debía estar allí al lado de mi esposo, aunque estuviera a unos metros de su cama. No podía abandonarlo en un momento tan difícil.
Un rato más tarde, ya cuando amaneció, empezó a llegar más gente, preguntando por sus familiares. Ya había cambiado el turno y nuevos médicos y enfermeras tomaron la posta.
Ví que había fichas en una pared con los datos de los internados, y me acerqué para ver si estaba lo de mi marido y un t.e para que me contactaran. Pensaba ir a suplantar a mi suegro para que él pudiera venir a ver a su hijo. Pregunté por mi marido, y nadie sabía decirme qué pasaba... hasta
que un médico del nuevo turno, me pidió que pasara a un cuartito. Eran las 8.30 hs de la mañana... y sin anestesia, me comunicó que mi marido había muerto un par de horas antes. Sin más explicaciones, dio media vuelta y me dejó sola.
El pecho se me cerró, no podía imaginar ni comprender lo que estaba sucediendo. Incluso en esa situación no entendia porqué, si solamente estaba yo en la salita, nadie me pudo avisar en el momento que había pasado. Otra vez le había fallado a un ser tan querido. Otra vez no habia podido hacer nada.
Luego de un rato de quedarme sola ahi dentro, agarré mis cosas y su ropa, y me fui al locutorio del hall de entrada. Apenas tenia unas monedas en mis bolsillos, que me alcanzaron para hacer un par de llamadas. Le avisé a mi suegro, y luego hablé con mi hermana de Junín... pidiéndole por favor que se ocupara de avisar al resto de mi familia. No me di cuenta de que lloraba a los gritos, y le decía que el médico que lo había operado, no había tenido los huevos para avisarme de su muerte. Sencillamente se había ido.
Al salir de la cabina, me encontré con una cara conocida. Era una mujer que iba conmigo al mismo gimnasio, y que casualmente trabajaba en el Hospital San Martín de Anestesista. No podía creer que la mujer que había escuchado llorar y gritar era yo. Me dijo que no me preocupara, queiba a buscar al Dr. Guerra y le iba a pedir que me diera las explicaciones del caso, que sabía donde encontrarlo.
Volvi a la salita y me desplomé sobre uno de los bancos de espera. Al rato apareció la mujer acompañada del médico... quien me dijo que mi marido había fallecido. Punto. Se fue.
Luego, el infierno... la gente que empezaba a llegar, alguien me llevó a casa a buscar papeles, trámites, a buscar a algún conocido para que nos entregaran el cuerpo... mi hija que no entendia nada, toda la gente que fue apareciendo, familiares, amigos, compañeros del ministerio que se fueron pasando la voz.
Una amiga me acompañó a verlo en la morgue. Alguien dijo... mejor que lo veas antes de que le hgan la autopsia. Me partió el alma ver su cuerpo, en un depósito, como una cosa más. Verlo fue ver sus ilusiones acabadas, todos sus sueños desaparecidos. Hubiera querido haber podido hacer algo más, abrazarlo, darme mi calor.
Luego una noche interminable. Amigos que desfilaban y me abrazaban. Otra vez el frío... al dia siguiente, la despedida. El día era brillante pero a la vez, oscuro. Una de mis hermanas me acompañó de vuelta a casa junto a mi hija. Aún estaban en la mesa los platos y los cubiertos que había usado antes de salir.
A la noche, todos se fueron y me quedé sola cn mi hija. Y tuve que enfrentar lo más duro, su pregunta - Y papi? dónde está?... cómo explicarle a una nena de 4 años lo que había pasado. Que un hijo de puta le gustaba correr con el auto, y quitarle la vida a alguien y el padre a ella.
Creo que a partir de entonces, una parte de mí se secó, de alguna manera. Puse piloto automático. Me ocupé de todo lo que se esperaba de mí.
Traté de entender lo inentendible. Di vueltas y vueltas chocando siempre con la misma pared. Me enfrenté con la in-justicia. Y cargué todo en una mochila que llevo desde entonces... algunos días se hace más pesada, otros no tanto. Trato de llenarla con buenos recuerdos, con risas y nostalgia de lo que pudo ser.
La vida me fue dando oportunidades de escucharme un poco a mí misma nuevamente, y sin embargo no tuve mucha suerte.
Muchas veces vuelvo a recurrir al piloto automático... y sin embargo otras, intento buscar la manera de activar el control y buscar un camino que me lleve a un poco de felicidad.

domingo, abril 12, 2009

Punto de inflexión

Ante todo les pido disculpas por esta desaparición de dos años... no es casual que haya llegado a un punto en la historia de Virginia que supuso un antes y un después. Un punto de inflexión muy duro, abrupto, imposible de digerir, solamente tolerable bajo miles de capas de mirar para adelante tras haber intentado una y otra vez descubrir el porqué.

Sepan disculpar nuevamente si hay errores de conexión con el último capítulo.

Sigue así: ....



Luces enceguecedoras. Un giro, abrupto, llevándose su cuerpo con la inercia del movimiento, golpeando quien sabe en dónde. El grito que surgía de la garganta de Lucía y se perdía en la negrura.... Ricardo!!!!!!!!!!!!!!!!!

Luego... tan sólo un segundo más tarde, una historia diferente y espeluznante se abrió paso, rompiendo los últimos jirones de su vida. Se encontraba mirando hacia un sitio que no recordaba. Fachadas de casas desconocidas, un horizonte que no condecía con su último recuerdo. Tampoco el lugar, en vez de estar sentada en el auto, con las manos entre las rodillas, estaba arrodillada sobre el pasto frío y húmedo de esa noche de Junio. Y una voz remota que le decía... -Agarrále la cabeza!! - sólo pudo ver los pies de la voz que se alejaba. Sin pensar, miró sus manos y descubrió la pesadilla: A su lado estaba tendido su marido, con los ojos abiertos, respirando ruidosamente, sin parpadear. Obedeciendo a la voz, le tomó su cabeza con suavidad, sintiendo cómo la sangre caliente le humedecía sus palmas y sus dedos. -Qué es esto? -Donde estoy? Quiero despertarme de esta pesadilla!!

Empezó a sentir muchas voces, piernas que se arremolinaban a su alrededor, el sonido horripilante de los móviles de la policía, gente que corría pidiendo un matafuego, imágenes que flasheaban entre el rostro de su esposo, quien miraba sin ver, y el auto, a unos metros, que se prendía fuego.

poco a poco el horror fue entrando en su mente. La pesadilla no era tal, o si... se habia transformado en su realidad. Voces que rumoreaban que "este flaco no la cuenta"... " está en coma"... una mujer que se acercó preguntandole si necesitaba llamar a alquien... Y de repente pensó: mi hija! por favor, llamá a una amiga que la vaya a buscar. Era noche cerrada y dentro del horror, no podia imaginarse a su hija de 4 años, sola esperando a que sus papis la fueran a buscar.

Muchos minutos pasaron, interminables... Lucía le hablaba a su esposo, pero él sólo tenia la mirada perdida y respiraba con mucho trabajo, con mucho esfuerzo. Un hilo de sangre corria desde su frente hasta llenar el hueco de su oído y continuar su camino hasta las manos de Lucía.

Bomberos, Policía, un mundo de morbosos que sólo querían ver a quién había chocado de esa forma. casi 40 minutos más tarde, la ambulancia que llega- "-está jodido... mejor llevémoslo al Hospital San Martín!" Como en una nebulosa, sintió que la subían en la parte del conductor y luego de un trance de sirenas, llegaron a la guardia,.

Era una noche helada. Lucía quedó sola en la salita de espera de la guardia. La cabeza le explotaba, se miraba las manos aún llenas de sangre seca. Un dolor abdominal agudo la dobló en dos, quedando tiesa en el banco duro de madera.

En ese momento, otra vez la misma voz femenina que le pregunta:--- Ya llamé a tu amiga, pero no contesta nadie!

- Perdoná, me olvidé que no estaba en La Plata hoy. Tengo que llamar a mi suegro!-balbuceó Lu.

- No te preocupes, nosotros llamamos. - la voz de repente se transformó en una mujer joven, con su marido. Habían pasado junto al accidente y se bajaron a ayudar.

- Igual, vení conmigo, lavate las manos...- y Lu la siguió dudando... si era mejor tener las manos limpias o aún algo de su esposo.

Rato mas tarde, un hombre mayor, desencajado, aparece en la guardia. Era el padre de Ricardo. - No puedo encontrar el lugar donde pasar a buscar a la nena! ... Ya eran más de las 10,30 pm , noche cerrada y helada de Junio.

-No se preocupe. Déje el remis que nosotros lo llevamos Yo sé dónde es la casita de fiestas! - dijo la mujer-. Lu pensó que en medio de esa pesadilla habían pasado dos ángeles rozándolos con sus alas...

La guardia quedó vacía, y Lú se acomodó en uno de los bancos de madera. En ese momento, el médico de guardia, un neurocirujano que luego sería famoso en programas de la tele (cómo lucrar con el dolor ajeno), la llamó y la hizo pasar a una salita. Allí le dij que su esposo tenia un golpe muy severo en el cráneo... la tomografía había revelado un coágulo y lo iban a operar. Y es muy riesgoso... condenó. Lucía pensó en que aún habia esperanzas... su marido siempre había sido un tipo sano, duro, de esos que jamás van a un médico. Lo va a sobrellevar! - se consoló. Luego, sin más trámite, fue desterrada nuevamente a la salita de espera.

De repente otro espasmo le golpeó el abdomen y no pudo evitar ahogar un quejido. La enfermera que estaba en el mostrador le preguntó... - Vos estabas en el accidente?

- Si, claro. Yo también estaba en el auto.

- Por favor.. vení que busco a alguien que te examine!

... un rato más tarde, casi con fastidio, el médico apareció nuevamente. Lu le conto que se moria del dolor de cabeza, sobre todo de una mitad de la cara... una rodilla, y una fuerte descompostura. Bueno, entonces, una inyección... y a la salita a seguir esperando.

Una hora más tarde, aparecieron las dos personas extrañas con su suegro... diciendo que finalmente habian podido ubicar a la nena, y que la llevaba a su casa. Lú podia ver la desesperación de su suegro... sabiendo que no podía hacer más nada que cuidar a su nieta. Lú salió un momento al estacionamiento, y pudo ver a su hija dormida en el asiento trasero de un auto. Un nudo le cerró la garganta... le dio un beso y volvió corriendo a la salita de espera, donde la esperaba una noche larga y helada.

viernes, junio 16, 2006

Emociones fuertes





martes, junio 13, 2006

La Oscuridad


El verano quedó atrás... también aquellas palabras duras.
Las tardes los sorprendían charlando sobre sus cosas, al regreso del trabajo... ella canturreaba unas canciones de Silvio Rodríguez mientras él la miraba lento, suave, cerrándola en sus brazos.
Ante los problemas que seguían surgiendo, el contraponía soluciones, posibilidades... algunas más locas que otras, pero eran apuestas, era movimiento, era no quedarse en el NO.
Aquel viernes fue un dia como cualquiera... un viernes como tantos. Ansiado, esperado... día de reencuentro, de poder estar más tiempo juntos. Día imaginado, día que era el portal a un fin de semana para estar en familia.
Lucía tenía un cumple de un compañero de jardín. Virginia la llevó en un remisse, ya que Ricardo estaba en la quinta, ocupado en su último proyecto...(!!)
Ya era casi de noche, cuando él llegó a casa. Hacía frío aquel dia... feo, lluvioso, con la humedad que se pegaba a todo. Virginia le preparó algo de cenar, algo rápido, mientras ella seguía tomándose unos mates. No tenía hambre, aquella tarde no se sentía bien.
El se veía cansado... y sin embargo, cuando ella dijo que iba a buscar a la nena, le dijo de ir juntos. "Dale, vamos juntos"- le dijo.
Virginia se abrigó, se calzó la campera bordeaux y metió sus manos entre las piernas. Hasta en el auto hacía frío esa noche de Junio.
El auto arrancó, ella puso un casette con música española... se podía escuchar a "Depende"... todo depende, decía.
Mientras charlaban, habian llegado sin darse cuenta al cruce con la avenida de la circunvalación. Virginia, insoportable, miraba también como si ella misma estuviera manejando. No venía nadie, la calle estaba desierta. Ricardo puso primera, el auto arrancó. Casi subiendo una lomada, Virginia lo miró... y vio unas luces que se le venian encima. Gritó, y su voz se hundió en la negrura de un giro y un estruendo.

miércoles, mayo 03, 2006

La última batalla


Verano del ´99. Suena casi como una novela, no? y si... cuántas veces pasan cosas que no parecen reales.
Corría Enero, tal vez Febrero del 99. Después de mucho tiempo, Virginia y Ricardo decidieron tomarse unos días de vacaciones. A Vir la habían confirmado en el laburo y aunque las cosas para Ricardo no estaban tan bien, valía la pena tomarse unos días y escaparse a la playa.
Unos vecinos (matrimonio con 3 niños) los habian invitado a irse con ellos a San Clemente. A Vir le parecía un lugar feo, pero asi y todo era preferible irse un poco de la locura de la rutina diaria.
Atrás había quedado el cumple de Lucy, el festejo, las fotos, el video espectacular... En el trabajo Ricardo estaba tecleando y ya no sabía qué hacer para no perder el puesto. Se venían los nombramientos, decían... el gran Estado pasaría a blanquear tanto empleado en negro.
Los días radiantes, la playa al alcance de la mano, la arena demasiado linda. El sol. Quedarse tirados en la arena caliente disfrutando esos rayos que perdonaban todo. Parecía que de pronto, se habían convertido en una familia como cualquier otra.
A la noche se juntaban todos a cenar. Preparaban algo, en la cocina comunitaria que había en la planta baja del edificio. Luego se armaba una mesa grande y las charlas se extendían por horas.
Sin embargo, una noche, la calma se quebró. El delgado hilo que cosía los pedazos rotos, se cortó. se deshilachó. Los malos humores dejaron ver que aún seguía la desconfianza, intacta.
Hubo gritos, despecho, palabras hirientes. Otra vez...
Los demás se fueron, intuyendo que hacía falta soledad y silencio. Y distancia.
las horas pasaron...Virginia salió a buscarlos, no encontró a nadie. Y con ese sabor amargo en la boca, regresó subiendo las escaleras, pensando en cuántas veces más sería así. Cuántos subes, cuántos bajas.
Las miradas se encontraron, y las voces. Fueron subiendo, intentando acaparar y lastimar. Y en un minuto de silencio, ya la cara empapada.... -"de qué lado estás?" _"estamos uno de cada lado o ambos del mismo?"... tal vez haya sido la expresión que le salió... pero sentía que ese tironeo absurdo le estaba llevando el alma. Y si no fue la mejor frase, fue la que le permitió abrir aquel otro corazón. Aquél a quien no entendía muchas veces, pero que sabía estaba a su lado. Y sabía que también quería liberarse de esas ataduras y poder seguir caminando juntos, en la misma dirección.
A la tarde siguiente, emprendieron el regreso a casa, en el auto de sus vecinos. La ruta se había puesto imposible, iban a paso de hombre, muertos de calor, los chicos dormidos en brazos. Pero ese calor aplastante, se convirtió en calidez, en silencio compartido, en sentimientos que finalmente habian ganado la gran batalla.