Cumpleaños, memoria y balance

Difícil descubrir la sensación que tuve. Una espera, aunque no lo admita, que ese día, el de nuestro cumpleaños, sea un día especial. Esperaba sentir el afecto de los amigos, ser recordada, ser agasajada. Obviamente, como mi única compañía en casa es mi hija, no había nadie para preparar nada, más que yo misma. No me agrada ponerme a trabajar y a preparar cosas el día de mi cumple, lo confieso. Supuse que valía la pena. Que era una manera de agasajar a mis amigos.
El día llegó... pero aquella gente que yo esperaba, lo olvidó. Creo que hubo varios motivos, no uno sólo. Algunos estaban pasando por momentos críticos. Otros, tal vez lo recordaron y prefirieron olvidarlo. O aparentarlo. Otros, simplemente no lo registraron, sin mala intención. En fin... como me di cuenta, decidí seguir con lo planeado, ocupándome de avisarle uno por uno. La reunión existió, se charló, se festejó. Estuvo buena. Sin embargo, me dejó un sabor amargo.
Cumpleaños, memoria y balance... casi como cuando llega fin de año, hago un balance de lo que pasó, de hasta dónde llegué, e intento delinear los próximos pasos. Pienso qué hay de efectos o consecuencias de mi accionar, en los hechos que sucedieron. Qué es lo que puedo cambiar, mejorar, y qué está fuera de mi alcance.
Como dijo un amigo... tal vez hacer lo que realmente a uno le gusta, sin perjudicar a nadie. Él camino se pone difícil, a veces... los bordes de la senda se desdibujan, y perdemos el norte.
