domingo, abril 23, 2006

Luces y sombras

Virginia apuró el paso. Ya eran casi las dos de la tarde y todavía faltaba preparar un montón de cosas para el cumpleaños de su hija. Cuatro años ya! y toda una verdadera fiesta, ya a esa edad empezaba a disfrutarlas mucho más.
Como cada año, en cada cumpleaños, o cada aniversario, era inevitable repasar lo que había pasado el último año, el infaltable balance se deslizaba agridulce y feroz entre sus recuerdos.
Un día antes del cumpleaños número 3, el miedo, el quiebre, el punto de inflexión. El día siguiente, el no saber qué hacer, el seguir adelante con una máscara fría para que la nena no dejara de tener su bendito cumpleaños.
Días difíciles... pero que implicaron un giro de timón. Pudo volver a su casa, donde sólo viviría con su hija por unos meses. Pudo poner distancia, y establecer una paz que marcaría el límite de lo que no toleraría nunca más. El dolor obligó a Ricardo a reveer lo que le pasaba, y de pronto vio que reaccionaba de la manera que tanto tiempo le habia pedido. Casi mágico... y al mismo tiempo, tan desconfiable. Virginia aprendió a vivir más tranquila, pero al mismo tiempo fue cerrando su corazón casi definitivamente.
Sin embargo, finalmente pudo ir estableciendo aquel diálogo que habia desaparecido. Reconstruyendo pedazo a pedazo, la base elemental. Compartir todo lo que habian creado a lo largo de todos esos años, desde una familia hasta esa vida que a los porrazos se les había ido dando.
Pero... el dolor seguía ahi adentro, oprimiéndole el pecho. La angustia no cedía, sólo se había escondido un poco. Sentía que no todo estaba resuelto... todavía quedaban heridas sin cerrar, cosas sin decir...
El cumpleaños fue único. Ric se ocupó de tantas cosas, asombrándola otra vez... cuando lo veía así, pensaba realmente que sólo tenía que decidirse por lo que quería. Nada más.
El ambiente era tibio, la alegría flotaba en el aire. Los chicos desenfrenados entre los juegos, los grandes en una reunión que aprovechaba el motivo para el encuentro. No tenían una familia muy grande, apenas los más íntimos, una madrina y un par de amigos. Y la cámara de video que iba guardando cada minuto, cada imagen ahi para siempre.