Desconcierto

Podía sentir el sol tibio del otoño en su rostro. Caminaba mirando distraída las vidrieras del centro comercial, casi sin ver, una tras otra, los distintos negocios que ofertaban las liquidaciones de la temporada. La tarde regalaba sus horas libres... pero ella casi no lo registraba... como si todo estuviese tras un vidrio grueso, como una de esas vidrieras que veía a su paso. A la vista, pero inalcanzables...
Virginia apretó el paso. Miró a su hija, que iba sentada en su cochecito rojo, devorándose con los ojos todo lo que descubría en el paseo. Sonrió... "tengo una hija hermosa"-pensó. Es increíble... cuántos sueños he alcanzado. Toda esas historias rosas que una se teje en la cabeza... y de a poco se han ido convirtiendo en realidad. Pero... porqué la angustia que le cerraba el pecho?

