
Puertas... cúantas veces en el día nos enfrentamos a puertas que no sabemos si abrir o no? si cerrar o no?
Muchas veces nos encontramos en situaciones dolorosas... cómo nos gustaría poder cerrar esa puerta y dejar el dolor detrás. Y tal vez no podamos. Tal vez sea una puerta que haya que mantener abierta para poder enfrentar lo que sea y poder seguir adelante.
Otras veces, nos sentimos mal ahí fuera, y preferimos ocultarnos tras una puerta bien cerrada, a salvo de la vida y totalmente anestesiados. Eso sirve? yo me lo pregunto... vale la pena? Más allá de los golpes, de los dolores... la vida es una sola, y no vamos a tener todo el tiempo del mundo para desperdiciarlo allí. Tal vez sea conveniente armarnos de coraje (mucho), y decididamente, tomar el picaporte con ganas, y girarlo. Y suave pero firmemente, empujar... y abrir esa puerta. Y sentir el aire fresco. Y animarnos a traspasar ese umbral, y buscar el camino.
Otras veces, abrimos puertas y nos encontramos con personas que nos producen dolor, que están más allá de toda nuestra buena voluntad. Gente enredada en sus propios problemas, tan encerrada que no puede ver más allá de su propio ombligo, y si logra levantar la vista, lo hace hiriendo al que tiene delante. Esas sean tal vez, las puertas que hay que cerrar... aunque nos pese.
Y alguna vez... tal vez debamos descansar un poco, y entrar por una puerta a nuestro hogar. Cuando digo hogar, digo sitio donde nos sentimos en casa. Nuestro nido, nuestro espacio, nuestro sitio. Nuestra recarga... y tal vez, tal vez... sea conveniente dejar la puerta entreabierta. Quizás de esa forma le permitamos a alguien poder encontrarnos...